El conjunto de comunidades que habita un lugar en un mismo tiempo más las interacciones que se establecen entre ellas constituye un ecosistema. El ecosistema es la unidad funcional mínima que asegura la vida, y aún así los ecosistemas dependen íntimamente unos de otros.
Un ecosistema se caracteriza por una distribución eficiente y cíclica de la energía (producción y descomposición). En el Mar Cantábrico la luz solar y los nutrientes constituyen el alimento de los organismos autótrofos (fitoplancton y algas principalmente) que generan proteínas. A su vez desprenden O2, elemento vital e indispensable para el desarrollo de la vida. A estos organismos se les llama productores primarios porque son responsables de la producción primaria del ecosistema, la energía que consiguen estos productores la emplean en la respiración y la reproducción, lo que sobra es la producción primaria, que será aprovechada en parte por los productores secundarios.
Existen varios factores que determinan la producción primaria en el Mar Cantábrico. En primer lugar está la luz y el fotoperíodo más la temperatura, estos dos factores están directamente relacionados y es la razón por la que en invierno el ecosistema marino decaiga de forma importante, ya que al haber menos luz habrá menos fotosíntesis, y menos aún con bajas temperaturas pues las reacciones químicas se ralentizan.
Cuando llega la primavera y el fotoperíodo aumenta se producen blooms o explosiones de una especie particular de la comunidad fitoplanctónica intercaladas con muertes catastróficas por agotamiento de nutrientes, ya en verano el fitoplancton se estabiliza y vuelve a decaer en otoño. La intensidad de luz no sólo depende de la época del año, también de la profundidad bajo la superficie, cabe pensar que cuanto más cerca de la superficie se encuentre el organismo su fotosíntesis será más eficiente por disponer de más luz, pero lo cierto es que el máximo de actividad fotosintética se encuentra unos pocos metros por debajo de la superficie, esto obedece a que en la superficie marina la intensidad de luz es un tanto excesiva y la fotosíntesis está algo inhibida. A partir de unos 170 m de profundidad la luz existente ya no permite desarrollar la fotosíntesis, y los productores primarios desaparecen, los organismos que viven a estas profundidades y más dependen totalmente de la materia muerta que les llega de las capas superiores. Y por último está la concentración de nutrientes (silicatos, nitratos, fosfatos, hierro y manganeso básicamente) que además son sinérgicos: la ausencia de alguno de ellos impide la fijación de los otros, la concentración máxima de nutrientes se da en primavera y otoño.
La producción primaria es consumida por los organismos heterótrofos, parte de ella la emplean en la respiración y el resto la emplean para el crecimiento y la reproducción, generando así la producción secundaria, que a su vez será aprovechada por los depredadores u organismos situados en niveles superiores de la cadena trófica.
En función del tipo de alimento que consumen, los organismos heterótrofos se clasifican en varios grupos:
· Los herbívoros consumen fitoplancton y algas, siendo los principales productores secundarios: gasterópodos, equinoideos, algunos peces...
· Carnívoros: se alimentan de materia viva de otros heterótrofos, siendo depredadores principalmente: la mayoría de los peces, cefalópodos, asteroideos, zooplancton...
· Detríticos: se alimentan de detritus, materia orgánica muerta que se deposita en los fondos: bivalvos, holoturias, gusanos de arena...
· Suspensívoros: se alimentan de la materia en suspensión que traen las corrientes marinas, se denominan también filtradores y al eliminar partículas en suspensión contribuyen a mantener las aguas limpias y claras, lo que favorece a los organismos fotosintéticos, son filtradores animales como: bivalvos, cirrípedos, poríferos...
· Ovnívoros: se alimentan tanto de materia vegetal como animal. Muchos animales filtradores consumen tanto fitoplancton como zooplancton.
De esta manera la energía del ecosistema se distribuye en cada uno de los niveles tróficos ordenados jerárquicamente. La masa de los productores primarios es enorme en comparación con la de los secundarios y a su vez la masa de los depredadores es mucho menor que los anteriores, esto se debe a que conforme se sube en la pirámide alimentaria los organismos son de mayor tamaño, y además entre un nivel trófico y otro siempre hay pérdidas energéticas, mucho más en el ecosistema marino.
Algunos organismos cambian de nivel trófico conforme crecen, así los alevines de peces al principio se alimentan filtrando el agua pero conforme crecen algunas especies se hacen depredadoras y consumen organismos más grandes. Por otra parte un organismo situado en un cierto nivel trófico no tiene porqué alimentarse sólo de su nivel inferior inmediato, especialmente los ovnívoros se alimentan en varios niveles inferiores a ellos. Por ejemplo los cangrejos consumen moluscos, y los cefalópodos consumen tanto cangrejos como moluscos, y aún más, pueden alimentarse de su mismo nivel trófico, los cefalópodos no tienen reparo alguno en comerse unos a otros.
Todo este conjunto de conexiones tróficas de quién se come a quién conforman un entramado muy complejo conocido como red trófica, cada ecosistema tiene su red trófica característica, no obstante representar esas redes tróficas fielmente casi siempre es imposible debido a la elevada diversidad específica que presenta el propio ecosistema, normalmente se presentan las más representativas.
Zonación del medio marino
En general el medio marino se divide en dos grandes áreas: el medio pelágico y el medio bentónico:
· Medio pelágico: comprende organismos que nadan en el agua (necton) o se dejan llevar por ella (plancton). Así mismo en función de la profundidad se distinguen los siguientes niveles: epipelágico (hasta 200 m), mesopelágico (hasta 1000 m), batipelágico (hasta 4000 m), abisopelágico (hasta 6000 m) y hadalpelágico.
· Medio bentónico: constituido por la comunidad bentónica que vive ligada al fondo.
Así mismo se distingue la zona nerítica como la más cercana a la costa, y por ello es mucho más rica y diversa que la zona oceánica, un medio totalmente oligotrófico.
También se admite la distinción entre zona fótica y zona afótica en función de la disponibilidad de luz por parte de organismos autótrofos para desarrollar la fotosíntesis.
El ecosistema intermareal
El ecosistema intermareal es sin duda el más diverso y complejo de todo el mundo marino. Pues en función del nivel de altura que se trate la estructura de la comunidad cambia radicalmente.
El nivel supramareal
Es el más expuesto a la intemperie, hasta tal punto que a veces hay que esperar días a que la marea lo cubra, la zona está comprendida entre el nivel de una pleamar viva (casi 5 m) y el de una pleamar muerta (algo más de 3 m), hay que indicar que los niveles de altitud nunca son exactos. A veces el nivel superior se suele prolongar más hasta el límite en que desaparece la humedad del mar traída por los vientos o por simple difusión, a esa zona extra se denomina nivel de salpicadura.
El intermareal medio
Se ubica entre los niveles de una marea muerta, esta zona siempre se inunda con la pleamar dos veces al día y el grado de exposición al aire es ya menor.
El infralitoral
Queda en seco sólo unas pocas veces cuando la bajamar es viva, hasta tal punto que en muchas ocasiones es colonizada por organismos que no toleran la sequedad. Por debajo del nivel de la bajamar más viva aparece otra comunidad distinta: la comunidad submareal que se tratará más adelante.
Hay que señalar que cuanto menor es la exposición a la sequedad mayor es la diversidad y complejidad del ecosistema intermareal. El hecho de quedarse en seco durante la bajamar es una condición de estrés que conforme se acentúa menos especies son capaces de soportarla.
Por otra parte el tipo de sustrato sobre el que se desarrolla el ecosistema intermareal también va a determinar su estructura y diversidad.
Los arenales
Es el sustrato que menos vida permite. Los granos de arena tienen un diámetro demasiado grande para dar cierta estabilidad al terreno y por tanto los arenales cambian constantemente con la ida y venida de las mareas, y con las corrientes en los estuarios.
Por todo ello los organismos sésiles que viven aferrados al sustrato apenas encuentran aquí con posibilidades de sobrevivir. A nivel de salpicadura los arenales son más estables y ello da lugar a una vegetación característica capaz de soportar la sequedad que la arena produce y la salinidad que el mar aporta, sin embargo con sus raíces son capaces de retener la arena y protegen así los arenales de la erosión, a esta comunidad particular se la conoce como vegetación de dunas y es especialmente valiosa en el litoral cantábrico debido a que la construcción masiva a borde de playa a acabado con casi todas ellas.
Dado el tamaño de grano de la arena, la oxigenación bajo ella está asegurada y esto pudiera ser un factor a favor de los organismos que viven enterrados, sin embargo por esa misma razón la arena es incapaz de retener la materia orgánica necesaria para el desarrollo de estos organismos. Por otra parte al estar sometida a corrientes la arena es un medio inestable en la que los organismos enterrados en ella tienen que luchar constantemente por no hundirse en ella, sólo en lugares donde la arena está compactada y no sufre un oleaje fuerte, en estuarios principalmente, pueden vivir algunos organismos enterrados en la arena: bivalvos y erizos de cuerpo irregular.
Los fangales
Conforme se remonta el estuario, el tamaño de grano va siendo cada vez más fino y por ello se compacta cada vez más, la arena entonces da paso al limo o fango. Los fangales aparecen en las zonas altas del estuario, zonas ya más tranquilas donde la diversidad es mayor que en los arenales.
El fango es mucho más estable que la arena y ello permite a muchos organismos la posibilidad de excavar túneles y galerías para protegerse, especialmente gusanos y cangrejos. Además el fango retiene una gran cantidad de materia orgánica que es bien aprovechada por muchos organismos: gasterópodos, moluscos y crustáceos.
Sin embargo el fango tiene un problema: al estar el grano muy compactado apenas hay huecos y la oxigenación es muy deficiente, el fango superficial adopta un color marrón debido a la presencia de especies oxidadas por el O2 del aire o del agua, pero al excavar tan sólo 1 cm el fango es negro debido a la presencia de especies químicas reducidas por falta de oxígeno. Unas pocas especies de gusanos cuentan con una hemoglobina que se satura de oxígeno a bajas concentraciones de este elemento y les da un color rojo muy intenso, ello les permite vivir enterradas en estos lodos pobres en oxígeno y alimentarse de las bacterias y protozoos que allí viven. Estos gusanos son la base alimenticia de muchos peces que remontan los estuarios cuando sube la marea en busca de comida.
El arenal y el fangal presentan una diversidad limitada, ésta aumenta considerablemente en la transición entre ambos sustratos, ya que de esa forma se minimizan los problemas que ambos medios presentan por separado: la oxigenación y estabilidad del terreno son adecuadas para la proliferación de gran cantidad de especies de moluscos, gasterópodos y gusanos que a su vez alimentan a crustáceos y peces. También las aves limícolas se aprovechan de toda esa riqueza de recursos, además en los estuarios se encuentran con otra comunidad muy peculiar: la marisma, una vegetación que se asienta sobre el fango y lo protege de la erosión con sus raíces, esta vegetación resulta un lugar perfecto para que numerosas aves aniden y alimenten a sus crías con toda la riqueza que la propia marisma les proporciona. La marisma resulta también un verdadero criadero para numerosas especies de peces que encuentran aquí lugares tranquilos y resguardados ricos en alimento.
En general en los estuarios se da una enorme productividad gracias a la combinación de dos factores: al ser poco profundos los estuarios están muy iluminados y los organismos fotosintéticos pueden desarrollarse de forma óptima, ayudados por otra parte de la alta concentración de nutrientes de N y P que estos hábitats son capaces de retener.
Y por último comentar los pedregales como el que vemos en el vídeo: sustratos formados por granos ya bastante gruesos que permiten una extraordinaria oxigenación para los organismos que vivan enterrados, pero dado el tamaño de grano se hace costoso moverse a través de este medio. Sólo unos pocos bivalvos y gasterópodos consiguen desarrollarse aquí donde se alimentan de microalgas y detritus que e adhieren a las rocas.
El sustrato rocoso en el estuario: la ostrera
La enorme cantidad de materia orgánica que proporciona el estuario es la base alimenticia que posibilita el espectacular desarrollo de las ostras sobre el sustrato rocoso. Es la especie omnipresente en este tipo de sustrato en el estuario, llegando a tapizar rocas enteras y superponiéndose unos individuos sobre otros, estas colonias son verdaderos filtros naturales y sobre sus tejidos a veces se depositan los tóxicos venenosos que la industria vierte a las aguas marinas. Los restos de sus conchas calcáreas suponen un aporte muy importante en la formación de la arena.
Entre las grietas que las ostras forman, o en las mismas cavidades de la roca, viven escondidos durante el día numerosas especies de cangrejo (eriphia) que por la noche y con pleamar salen en busca de alimento, alguno de estos cangrejos incluso es capaz de romper con sus pinzas las conchas más duras, aunque la mayoría de ellos son carroñeros. Al aventurarse fuera de sus escondrijos, los cangrejos son presa fácil para los cefalópodos y peces depredadores que aparecen en a pleamar en busca de alimento.
En las pequeñas grietas protegidas se conserva bastante bien la humedad cuando baja la marea, ello es aprovechado por algunas especies de caracoles e incluso peces (blennidae) a los que la bajamar les sorprende y tienen que soportar largas horas en seco. En la ostera las algas apenas pueden desarrollarse, sólo algunas algas rojas pueden competir temporalmente por el sustrato y desarrollarse discretamente. Las anémonas son más competidoras, ya que pueden desarrollarse incluso sobre la concha de la ostra o restos de ella, con los tentáculos atrapan los numerosos pececillos y quisquillas que proliferan extraordinariamente en esta comunidad.
El sustrato rocoso del litoral expuesto
El sustrato rocoso es sin duda el más estable para que los organismos sésiles puedan desarrollarse, sin embargo la costa expuesta es un medio oligotrófico en comparación con el ambiente estuarino y los organismos que aquí se desarrollan deben ser capaces de alimentarse cuando la pleamar los cubre, durante la bajamar se hace muy difícil la nutrición.
Existe una enorme competencia por adherirse a las rocas, aunque conforme varía el tiempo de exposición durante la bajamar cambian las especies. Así a nivel de salpicadura o supralitoral aparecen líquenes a los que les basta la humedad marina que trae el viento para sobrevivir. Ya en el supramareal las rocas están cubiertas casi exclusivamente por las bellotas de mar (género Chthamalus) un organismo que es capaz de sobrevivir con muy escasa humedad y que incluso capta el oxígeno atmosférico durante la bajamar, también las lapas (género Patella) capaces de cerrarse herméticamente con su concha y pastar sólo en pleamar.
Conforme se baja al litoral medio la diversidad es mayor y las rocas aparecen cubiertas por otros organismos: algas que durante la bajamar segregan una mucosa para evitar secarse, gasterópodos que se encierran en sus conchas durante la bajamar, incluso en algunas hendiduras rocosas se esconden cangrejos y algún blenio.
Ya en el infralitoral se encuentra una formación cálcica conocida como coralinógeno: algas calcáreas de los géneros Litophyllum y Mesophyllum forman costras duras entre las piedras y hendiduras a partir del Ca2+ disuelto en el agua marina. La diversidad de algas aumenta, especialmente aquí ya arraigan las rodofíceas, como el género Gelidium.
Los peces y pequeños crustáceos encuentran aquí una relativa seguridad durante la bajamar escondiéndose entre las algas o las grietas, con la pleamar ascienden los depredadores.
En los escollos rocosos a menudo se forman charcas intermareales, siempre están llenas de agua porque son auténticas bañeras de fondo impermeable, en estas piscinas naturales se desarrolla una vida muy diversa, organismos que nunca quedan en seco se desarrollan aquí. Las paredes casi siempre están tapizadas de la rodofícea Corallina, un alga que arraiga hasta el mismo nivel del agua en la charca, no obstante esas paredes también pueden ser excavadas por los erizos (Paracentrothus) que se alimentan de las algas adheridas a la roca. En estas charcas suelen habitar pequeños peces, alevines de otros mayores que cuando crecen se dirigen a aguas más profundas. También se desarrollan con éxito pequeños crustáceos y gasterópodos. Si las charcas intermareales son suficientemente grandes puede habitar temporalmente algún pez adulto o depredadores (cefalópodos)
En las grietas de las costas más expuestas al oleaje las paredes aparecen cubiertas de pequeños mejillones (Mytilus) y racimos de cirrípedos (Pollicipes) que filtran el agua que los embates de las olas les proporcionan, bajo el estrés del oleaje estos dos organismos son casi los únicos que se desarrollan en estas grietas sin competencia alguna.
El siguiente vídeo fue grabado en una charca intermareal:
El ecosistema sublitoral
Este ecosistema es el más basto de todos, comprende las zonas marinas que siempre están cubiertas por las aguas, su enorme extensión y complejidad obliga, como el caso anterior, a subdividirlo.
Los phyllum o grupos taxonómicos que se encuentran varían bastante, al ser un medio de espacios abiertos y grandes proliferan organismos de mayor tamaño. Este es el ecosistema del necton, constituido básicamente por peces que nadan en las aguas libres y que en los ecosistemas anteriores no era tan importante. Pero tampoco hay que olvidar la comunidad bentónica que se desarrolla sobre los fondos marinos y de la que depende casi todo el necton. Y por supuesto el plancton sigue siendo la base de la cadena alimenticia del ecosistema marino en el Cantábrico.
La comunidad bentónica en los fondos rocosos
Como en el caso anterior el sustrato del fondo determina completamente las comunidades que allí se desarrollan. El sustrato rocoso es una base estable sobre la cual el bentos puede adherirse y proliferar en un alto grado de diversidad. Las algas cubren buena parte de los fondos rocosos poco profundos, especialmente en la época estival, pues en invierno no tienen suficiente luz como para desarrollarse. En ocasiones llegan a formar verdaderas praderas submarinas o kelp (géneros Laminaria y Saccorhiza principalmente) que suponen un buen refugio para numerosos organismos como pequeños peces y crustáceos, los kelp son más frecuentes en las costas asturianas y gallegas donde el agua está más fría.
Las anémonas (Anemonia) son unos organismos muy competitivos que en muchas ocasiones también llegan a tapizar rocas enteras, no sólo pelean con otras especies sino también entre ellas mismas. Las algas que forman el coralinógeno también aparecen a escasa profundidad rellenando huecos y hendiduras, a mayores profundidades se desarrollan las gorgonias, otros organismos que fijan Ca2+.
En las paredes verticales con escasa iluminación pueden desarrollarse otras colonias de anémonas (Corynactis y Actinothoe). El género Corynactis es quién domina las rocas a partir de los 15 m de profundidad. En las paredes oscuras también es frecuente observar esponjas, briozoos y alcionarios (Alcyonium), estos últimos requieren cierta corriente.
En los fondos rocosos se esconden numerosos depredadores, la mayoría de ellos permanecen escondidos en las grietas y son más activos por la noche (Conger, Muraena, Octopus y Necora) y otros que son activos todo el día (Marthasterias). El aspecto del fondo marino a menudo es imitado por los llamados animales miméticos, ese camuflaje puede servir para pasar desapercibido ante posibles depredadores y/o para evitar que la presa perciba a su depredador, ejemplo de estos animales son Scorpaena y Octopus. Otros en cambio dejan que crezcan sobre su cuerpo algas y otros elementos, como Maja. Incluso algunos organismos se colocan encima elementos como conchas e incluso tapones de botella para camuflarse (Paracentrothus).
Las grietas y escondrijos entre las rocas sirven a muchos peces para protegerse durante el día, también son un buen lugar para construir el nido y depositar los huevos para poder fecundarlos correctamente.
El ciclo del día y la noche determina bastante la vida en el fondo marino. Por la noche los depredadores son más activos y las presas en general están menos activas, incluso algunas especies de lábridos se quedan “adormiladas” posándose en el fondo y quedándose inmóviles, Coris julis se entierra en la arena para evitar los depredadores cuando dormita.
Fondos arenosos
La arena es un medio inestable sobre la que pocos organismos se desarrollan, el mar en si es un medio oligotrófico y su riqueza se concentra en las aguas poco profundas y de sustrato rocoso. En los fondos de arena en cambio la vida es muy discreta.
Enterrados en la arena sólo se encuentran unas pocas especies de bivalvos y gusanos, ello supone la dieta principal de los depredadores que viven aquí, normalmente peces demersales que pasan la mayor parte del tiempo posados en la arena, muchos de ellos incluso adoptan el colorido de ésta para pasar desapercibidos, ejemplos de estos peces son los pleuronectiformes, ráyidos, gádidos y salmonetes, que con sus barbillas detectan gusanos enterrados en la arena. Una especie que prolifera con éxito en estos lugares es la holoturia, un equinodermo detritívoro que consume la materia orgánica retenida en la arena, contribuyendo así a la limpieza de la misma.
El necton
En la comunidad del necton se engloban casi todos los peces y los mamíferos marinos.
Los peces son los organismos típicos del necton, sin duda los más abundantes, vertebrados que han adoptado una forma hidrodinámica para poder nadar a voluntad por el agua, existen unos pocos peces demersales, la mayoría planos, que se los considera bentónicos porque pasan la mayor parte del tiempo posados en el fondo, pero aún así son capaces de nadar a voluntad.
Los peces sólo son abundantes en zonas costeras, en la región oceánica el mar se vuelve un auténtico desierto vacío de vida significativa puesto que los peces necesitan el alimento que les aportan los fondos marinos. Existen unos pocos peces hervíboros que pueden aventurarse mar adentro aunque la mayoría son carnívoros, los peces depredadores abundan más a mayores profundidades y por las noches ascienden a capas superiores.
Los peces pueden adoptar una forma de vida solitaria o gregaria, este comportamiento puede cambiar en función de la edad dentor de una misma especie, se ha comprobado que en estado alevín casi todos los peces son gregarios y forman bancos, conforme crecen se organzan en bancos más pequeños, algunas especies optan por vivir en solitario pero otras mantinen los grupos. El vivir en grupo ofrece la ventaja de que disminuyen las probabilidades de ser engullido por un depredador cuando este aparece, pues los depredadores deben elegir una presa entre el banco para atacarla y en un cardumen esto es prácticamente imposible, también ofrece facilidades para la reproducción, sin emargo los bancos de peces por ser grandes llaman la atención y pueden ser detectados y consumidos por mamíferos marinos e incluso barcos pesqueros.
A la hora de reproducirse, los peces optan por producir muchos huevos con poco vitelo o reserva energética, o por producir no tantos huevos pero con más reserva vitelina, esto determinará el tiempo que permanecerán estos huevos en el plancton hasta alcanzar un estado de desarrollo suficiente para formar parte del necton.
Mucho menos numerosos que los peces existen otros organismos en el necton. Algunos cefalópodos, como los calamares y las jibias también son capaces de nadar a voluntad, han adoptado una forma hidrodinámica pero nadan a propulsión cuando exhalan el agua que respiran y mantienen la flotabilidad y el rumbo con sus aletas ondulantes. Todos estos cefalópodos son depredadores si bien son una fuente importante de alimento para los llamados supradepredadores, como algunos peces e incluso el hombre.
Y por último los mamíferos marinos son los animales más grandes de la comunidad. Los rorcuales surcan el Cantábrico durante sus largas migraciones en busca de alimento, el krill que consiguen filtrar con sus barbas o ballenas, cuando llegan a los lugares de abundancia dan a luz un ballenato al que amamantan con una leche de alto contenido calórico para poder acumular energía en forma de tejido adiposo para el camino de vuelta. Los odontocetos, delfines, marsopas y zifios son ya depredadores y se alimentan de cefalópodos y peces que forman grandes bancos, para alimentarse algunas especies incluso han desarrollado técnicas de caza colectiva. Y las focas, extremadamente raras en todo el litoral, llevan una vida anfibia entre tierra firme y el mar, del mar obtienen peces para alimentarse pero crían en la costa, en acantilados remotos lejos de la injerencia del hombre.
El ecosistema abisal
La plataforma contiental del Cantábrico sólo se extiende unos pocos kilómetros mar adentro, manteniendo una profundidad de 100 a 200 m, más adelante un talud continental que forma un cañón submarino entre Francia y España hunde el fondo hasta alcanzar más de 4 Km de profundidad.
La vida en estas aguas casi heladas y carentes de toda luz es muy desconocida y difícil de investigar, sin embargo se sabe con certeza que existe la vida pese a las duras condiciones ambientales, inalteradas desde hace millones de años, por lo que los peces que viven aquí son verdaderos fósiles vivientes, sin haber cambiado morfológicamente durante milenios.
La luz desaparece a partir de los 700 m de profundidad, por lo que no existe la posibilidad de realizar fotosíntesis, no obstante este ecosistema sigue dependiendo exclusivamente de la materia orgánica muerta que cae desde la zona iluminada. De esta manera casi todos los organismos abisales son carroñeros y depredadores, mantienen un metabolismo muy bajo para ahorrar energía y algunos peces son capaces de engullir presas más grandes que ellos mismos, desplazando órganos internos y expulsando las branquias, en el abismo las ocasiones para alimentarse son muy pocas y los depredadores deben aprobecharlas al máximo.
La ausencia total de luz hace en muchas ocasiones innecesaria la visión, de hecho la mayoría de los peces abisales son ciegos y de color negro, no obstante muchas especies han desarrollado unos potentes ojos telescópicos muy sensibles a la luz que les permite ver la débil bioluminiscencia de algunos organismos que son capaces de generar luz natural, bien manteniendo colonias de bacterias luminiscentes, o bien con los fotóforos o puntos de luz natural que algunos peces tienen repartidos por su cuerpo. Esta bioluminiscencia sirve para la comunicación, la defensa y el apareamiento.
En cuanto a los peces ciegos muchos de ellos han desarrollado unas protuberancias nerviosas muy sensibles al movimiento que les sirve para enconrar alimento con el tacto en la oscuridad perpetua.















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