ECOLOGÍA: Poblaciones marinas

Una población es un conjunto de individuos que pertenecen a una misma especie y tiempo, y que se pueden reproducir entre ellos.

Dado que el mar es un sistema muy dinámico, las poblaciones que en él habitan son abiertas, es decir, además de regirse por las tasas de natalidad y mortalidad también se rigen por los flujos migratorios que se producen entre ellas.


La reproducción

La reproducción es el objetivo básico de todo individuo vivo, él debe elegir cuándo, dónde y cómo ha de reproducirse. Una especie se caracteriza por poder reproducirse varias veces en su vida (iteropara) o una sóla vez (semelpara).
Anatómicamente existen dos formas de reproducción:
  • En la reproducción asexual no existen los sexos y un individuo cualquiera genera un nuevo individuo por escisión o gemación de su propio cuerpo.
  • En la reproducción sexual ya existen sexos, aunque pueden estar presentes en un mismo individuo (hermafroditas) o estar separados, diferenciando así entre machos y hembras. En ambos casos se produce una fecundación, preferentemente externa en el medio marino, entre los gametos generados en las gónadas del progenitor o progenitores. Los animales hermafroditas pueden requerir o no de otro individuo para reproducirse, si lo requieren actúan como machos o hembras según convenga. La reproducción de los lábridos supone un caso especial: cuando nacen, todos los individuos son hembras, y conforme crecen, algunas de ellas se van transformando en machos adultos para fecundar a las hembras, siempre más abundantes.
Los estrategas r

Son la gran mayoría de las especies marinas, generan una enorme cantidad de crías muy pequeñas en comparación al tamaño adulto, normalmente en forma de larva o huevo.

De esta forma, de un número inicial de crías que puede rondar los 300 millones en el caso del pez luna, sólo unos pocos llegarán a la edad adulta.
Las poblaciones de estos estrategas suelen experimentar crecimientos espectaculares y muertes catastróficas, crecen muy deprisa para alcanzar pronto la edad adulta y poder reproducirse lo antes posible.
Los estrategas r se ven favorecidos en ambientes muy cambiantes. En muchos organismos que siguen esta estrategia reproductiva se da el fenómeno de las colonias u organismos que crecen en grupos unidos, el colonialismo tiene la ventaja de que el éxito reproductivo está más asegurado que si se vive en solitario, algunas colonias intermareales como las de mytilus y policepes retienen mejor el agua manteniéndose en colonias que en solitario, sin embargo el hecho de vivir muchos individuos en una colonia puntual hace aumentar mucho la competencia por el alimento, por esta razón las colonias suelen ser de animales filtradores que se desarrollan en grietas y zonas de corrientes. Por otra parte en una colonia los individuos pueden estar especializados en diferentes funciones y adoptar polimorfismo, como es el caso de las gorgonias.






Los estrategas k

Son muy escasos en el mar: cetáceos principalmente. A diferencia de los anteriores tienen muy pocas crías pero de gran tamaño para poder cuidarlas bien y así evitar una mortalidad temprana. Estos estrategas son de mayor tamaño que los r y además suelen ser bastante más longevos y menos prolíficos, su supervivencia se ve favorecida en ambientes más tranquilos, como puede ser el mar abierto.

De todas maneras ambas estrategias son muy relativas y existen estrategas intermedios.






Dinámica poblacional


Se ha comprobado que en unas condiciones óptimas y sin ninguna limitación, todas las poblaciones crecen de forma exponencial, eso es lo que ocurre cuando una población de estrategas r comienza a desarrollarse. Sin embargo conforme la población crece crecen también las limitaciones: espacio, nutrientes... es entonces cuando la población deja de crecer tanto y se estanca o desciende, de esta forma la población ha experimentando un crecimiento sigmoideo.
No obstante ese crecimiento sigmoideo no siempre se da, el mar es un sistema demasiado dinámico como para poder permitir un patrón de conducta continuo: la disponibilidad de nutrientes se puede ver alterada por algunos cataclismos (mareas vivas, vertidos, marejadas...) y ello hace que las poblaciones a veces cambien más drásticamente a lo largo del tiempo.
Por último las poblaciones se caracterizan por una estructura o distribución de individuos por edades y sexo, si una población cuenta con individuos jóvenes su superviviencia en el tiempo estará asegurada.


Competencia interespecífica

A medida que las poblaciones crecen y se desarrollan crece también la competencia entre ellas por conseguir espacio o nutrientes. Esa competencia disminuye el éxito reproductor de las poblaciones competidoras, aunque casi siempre los efectos negativos que dos poblaciones se provocan entre ellas son de distinta intensidad, por ejemplo las algas son mucho más competitivas que otros organismos bentónicos como las esponjas o las anémonas a la hora de tapizar superficies iluminadas.
Las poblaciones tienden a evitar lo más posible la competencia, por ello las distintas especies de un mismo gremio se han especializado en ocupar nichos o espacios ecológicos que no se solapan. Por ejemplo en la zona intermareal las algas verdes ocupan la zona más alta y expuesta, mientras que las algas rojas ocupan la zona más profunda y sólo quedan a la intemperie en las bajamares más vivas.
Dos poblaciones iguales nunca podrán convivir en un mismo nicho a largo plazo.
La presencia de especies ajenas ha provocado nuevos atributos en la especie que compite contra ellas, así los depredadores han desarrollado potentes bocas para capturar a sus presas, Spirographis spallanzanii ha desarrollado sus plumas por la existencia del plancton del que se nutre etc.


Los consumidores

En función del tipo de alimento que consumen, los organismos heterótrofos se clasifican en varios grupos:

Los depredadores

La depredación se da cuando una especie viva es el alimento de otra, a diferencia de los carroñeros cuyas presas ya están muertas.
De esta forma se puede decir que gran parte de los seres vivos del mar son depredadores, excluyendo así a los organismos fotosintéticos, por esa razón conviene clasificar los depredadores en cuatro grupos:
  • Los depredadores puros: son los depredadores clásicos, que capturan un individuo y se lo comen entero.
  • Los herbívoros son depredadores que comen parte de su presa que, en ocasiones, llega a sobrevivir, los herbívoros marinos se alimentan de fitoplancton y algas.
  • Los parásitos se alimentan de una o de muy pocas presas a lo largo de su vida, en general el huésped es el hábitat del parásito, puede morir o sobrevivir.
  • Y los parasitoides son organismos que depositan sus huevos dentro de una larva huésped, esos huevos se alimentan del huésped, crecen y terminan por matarlo.
Los depredadores no logran capturar siempre a su presa, de hecho solo consiguen alimento tras muchos ataques fallidos. Los depredadores tienden a atacar a las presas menos dotadas o desprotegidas, y además ejercen un control sobre el crecimiento de las poblaciones depredadas evitando así que se conviertan en una plaga, y la dificultad que supone encontrar y capturar una presa es a su vez una medida de control para las poblaciones de depredadores.
Dado que una lesión les supondría morir de hambre, los depredadores son por lo general individuos muy cautos pese a su habitual aspecto peligroso.
Existen depredadores monófagos que se alimentan de una sola especie y su especialización para capturarla es muy alta, pero como contrapartida esos depredadores dependen por completo de la población de sus únicas presas y ello puede ser muy problemático cuando la población de esa única presa se reduce o desaparece. Así que la mayoría de los depredadores marinos son polífagos, se alimentan de varias especies de presas aunque su grado de especialización sea por tanto mucho menor.
Dado que los animales marinos suelen crecer mucho respecto a su tamaño original al nacer, su dieta suele cambiar a lo largo de su vida, hay muchos organismos que al nacer se alimentan de plancton microscópico y después optan por presas de mayor tamaño.
Los depredadores no eligen a las presas por su sabor, sino por el valor nutritivo que les aporte y la cantidad de energía que deben gastarse para capturarlas, así los depredadores deben realizar un balance entre la energía que van a gastar en matar a su presa y la energía que luego van a obtener de ella. El capturar una presa grande requerirá un enorme gasto energético, pero a su vez proporcionará gran cantidad de alimento, con las presas pequeñas ocurre todo lo contrario. De esta forma se ha comprobado que los depredadores atacan a presas de tamaño intermedio principalmente, que no les reporta gran energía pero que su captura tampoco les supone un enorme esfuerzo.
Los depredadores y sus presas están en una continua carrera evolutiva que ninguno de los dos consigue ganar, el depredador captura presas siempre que puede y si pudiera extinguiría la especie de la que se alimenta. Pero las presas no están ni mucho menos indefensas ante los depredadores: pueden camuflarse, tener sus crías todas a la vez, desarrollar armas de defensa como fuertes pinzas y una estrategia muy común en el mar: el veneno.
Numerosas criaturas marinas secretan toxinas y sustancias venenosas que les protege de sus enemigos, sin embargo eso no es suficiente, pues el individuo debe dar a entender al depredador de que efectivamente es venenoso y no debe ser atacado, ello a menudo se pone de manifiesto exhibiendo un colorido vivo e inusual como es el caso de las anémonas y medusas, sin embargo existen otros organismos que sin ser venenosos exhiben ese color y que ello les basta para no ser atacados (aposemantismo) como es el caso de Rizosthoma pulmo. Los venenos de los organismos marinos provocan parálisis (neurotóxicos), amnesia y destrucción de capilares (hemolíticos). En cualquier caso es difícil encontrar un organismo venenoso que no tenga al menos un depredador que lo ataque y sea inmune a él, ya que incluso las medusas son una fuente de alimento para depredadores como tortugas, peces luna o atunes.

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