Pecios hundidos

A lo largo de la historia, y especialmente a partir de la Revolución Industrial que se desarrolló a partir del siglo XVIII, el Mar Cantábrico ha sido surcado por numerosos barcos y buques de muy diversas características.
Los temporales marítimos, las negligencias de sus tripulantes, o incluso los conflictos bélicos han provocado en numerosas ocasiones la tragedia que supone el naufragio de una embarcación y la habitual pérdida de vidas humanas que ello conlleva, además de los vertidos de combustible u otros contaminantes que arrasan con la vida marina de la zona.
Sin embargo, estas tragedias pasado un tiempo se pueden revertir en oportunidad para la búsqueda y estudio dentro del campo de la Arqueología Marina, y así hoy día numerosos pecios, nombre genérico que reciben los barcos hundidos en la mar, están ubicados y catalogados por todas las costas del mundo, la cantábrica incluida. Y algunos de ellos descansan en fondos no demasiado profundos, lo suficiente para incluso poder bucear a su alrededor.


Buceo en pecios

Una de las modalidades de buceo más populares es precisamente la exploración alrededor de barcos hundidos que estén a una profundidad moderada, por encima de los 40 m que es el máximo que permite el buceo recreativo. El buceo en pecios por debajo de esa profundidad está reservado para especialistas que utilizan equipos especializados, sobre todo las mezclas gaseosas que deben respirar para poder sumergirse a grandes profundidades.
El buceo recreativo en barcos hundidos requiere algunas precauciones adicionales y a menudo supone un examen para que los buzos recreativos básicos (Open Water Diver) obtengan el certificado avanzado (Advanced OWD).
Bucear en un pecio no es a priori complicado, evidentemente la ubicación, características y estado en el que se encuentre el casco del barco determinará la atención y el grado de experiencia que el buzo debe tener para explorar el pecio sin peligro. A menudo los cascos metálicos de los pecios se encuentran fragmentados, cortados o en estado de amasijo, por lo que a veces esos amasijos de metal pueden llegar a ser bastante cortantes, por ello es muy recomendable bucear siempre con guantes para evitar cortes en las manos.
Otra consideración a tener en cuenta es la habitual presencia de elementos con los que el buzo puede enredarse: cuerdas, redes, cadenas... todo esto obliga más que en ningún otro caso, a llevar un cuchillo para poder librar al compañerode buceo de posibles enredos.
Y por último es necesario conocer a fondo el pecio si queremos adentrarnos en él a través de sus oquedades, resulta muy temerario introducirse en la estructura del casco sin saber lo que uno se va a encontrar.


Ecología de los pecios

En principio un naufragio supone una catástrofe natural para el medio ambiente marino, ya que a menudo el combustible del barco se vierte directamente al mar con todo lo que ello supone. Algunas mercancías que ciertos barcos transportan también pueden contaminar las aguas en caso de hundimiento, como en el caso de los petroleros.
Sin embargo, el medio ambiente marino es muy dinámico, la mayoría de los organismos acuáticos crecen y se reproducen a gran velocidad, y muchos de ellos encuentran en los pecios hundidos un lugar inmejorable para vivir. Esto evidentemente no se produce de forma instantánea, y la recuperación del ecosistema marino en torno a los pecios pasa por varias fases:
Primeramente, las estructuras de los pecios son colonizadas por los organismos incrustantes del bentos, como pueden ser las algas, esponjas, gorgonias... La habitual abundancia de recobecos y escondites presentes entre los amasijos de los pecios crea corrientes artificiales y acumulación de materia orgánica que es aprovechada por animales filtradores, como alcionarios y gusanos tubícolas, todo ello sentando la base alimentaria para los próximos colonizadores: peces y cefalópodos principalmente, y a ellos les sigue el tradicional séquito de carroñeros, como los cangrejos.
En ocasiones, los barcos hundidos descansan sobre bancos de arena que, en principio, apenas presentan oportunidades para el desarrollo de la vida, pero una estructura amplia y rígida en medio de un arenal enseguida se puede convertir en un oasis de vida marina atrayendo la atención de grandes bancos de peces que ven en estas islas de vida una oportunidad para descansar, protegerse y alimentarse.




Pecios hundidos en el Cantábrico

Diana Uno


Ubicación: frente al superpuerto de Punta Lucero (Ciérvana - Vizcaya)
Profundidad: variable entre 10 y 30 m

Diana María encallado en Oleiros en 1998
Historia: originalmente llamado "Diana María", fue un carguero de 82 m de eslora que se botó al mar en 1989 y que antes de naufragar definitivamente ya tuvo un percance al encallar en la costa de Oleiros (La Coruña) en 1998. Por aquel entonces el buque portaba la bandera de Antigua y Barbuda y transportaba desde Inglaterra a Ferrol un cargamento de 2600 t de viruta de hierro, supuestamente un fallo en la maquinaria hizo perder el control al capitán y zozobró hasta encallar en las rocas.

Posteriormente el buque fue reparado en el astillero coruñés de Cee y botado ya con el nombre de "Diana Uno" en el año 2002 bajo bandera de Madeira.
El 17 de enero de 2004 el buque permaneció frente al superpuerto de Punta Lucero en Ciérvana (Vizcaya) a la espera de cargar fertilizantes. Para ahorrarse el costo del amarre, el capitán mantuvo el barco fuera del abrigo del superpuerto y una fuerte marejada lo empotró contra los cubos de hormigón del propio superpuerto, vertiendo al mar 45 t de combustible. Por fortuna, sus 8 tripulantes fueron rescatados con vida.
Hoy día se pueden ver los restos del casco fracturados en tres trozos, esparcidos por los cubos de hormigón del rompeolas, a profundidades que oscilan entre los 10 y 30 m.

Mina Mari


Ubicación: a unas 3 millas de Bermeo frente a la costa OR del Cabo Matxitxako, en Harribolas.
Profundidad: de 28 a 38 m.
Historia: El Mina Mari fue un barco carbonero que se dedicaba al transporte de granel, trigo, carbón y sal. Su eslora era de 44,2 m, la manga de 8,25 m y el puntal 3,4 m. Era propulsado por una máquina alternativa triple de 150 CV, llegando a alcanzar los 10 nudos. Podía transportar hasta 200 t de mercancías, con un desplazamiento de 540 t.
Fue construido en 1948 en los astilleros G. Riera, en Gijón, perteneció al armador Nicanor Noval Hevia, y fue matriculado como «Santander 114».
Se hundió frente a la costa de Harribolas al este de Machichaco el 13 de febrero de 1961, tras chocar contra una laja del fondo debido a la mala mar y escasa visibilidad por la niebla.
En 1972 se intentó reflotar, pero durante la maniobra el casco del barco se partió en dos y volvió a hundirse, ya definitivamente en su actual posición sobre un banco de arena, un poco más al Sur de su hundimiento original.
Actualmente el Mina Mari descansa sobre un banco de arena. La proa mira hacia Poniente, mientras que la popa está casi erguida y se levanta hasta unos 28 m de profundidad.

Río Miera


Ubicación: Santander
Profundidad: de 38 a 44 m.
Historia: carbonero inglés de 54 m de eslora con máquina a popa y tres palos, por cuyo puente ha pasado una generación entera de náuticos santanderinos y de marineros montañeses.
De arquitectura naval clásica, el "Frans Borremans" holandés se rebautiza como "Martínez Rivas" en 1922, cuando lo adquiere el bilbaíno del mismo nombre. Vendido de nuevo en 1929 a la naviera cántabra, vuelve a cambiar de nombre, "Río Miera". Operando desde entonces a lo largo de toda la costa peninsular, llevaba cargamentos de mineral de Castro y Bilbao, carbón de Asturias, sal de Cádiz y otras mercancías hasta que en 1936 estalla la Guerra Civil y queda en poder del gobierno de Madrid. Enviado a Leningrado por un cargamento de cebada, fue prácticamente internado en Moscú sin autorización para volver a España. Finalmente logran rescatarlo y es enviado al Ferrol.
Después de la Guerra continúa su vida civil a lo largo de la Costa portuguesa hasta que es vendido en 1947 a la factoría siderúrgica de Nueva Montaña para dedicarse al suministro carbonero de Altos Hornos, reducía así, considerablemente, la distancia de sus viajes. En este ir y venir, una noche tranquila de diciembre de1951, después de descargar, habían puesto rumbo a Peñas para llegar a San Esteban de Pravia cuando el "Miera" es sorprendido por un mercante pequeño que le embiste de frente en pleno costado, a la altura del mamparo de separación de las bodegas. De inmediato al precipitarse el agua en las dos bodegas simultáneamente, empezó a hundirse.
Los tripulantes, fueron rescatados por el barco abordante, "Mogador", cuya avería le permitía navegar achicando. El "Miera", sin embargo, quedó hundido en 42 metros de agua fuera del resguardo del Cabezo de la Vaca.

Scotland

Carbonero de 51 m de eslora de máquina de popa, pozo en la bodega de proa, un pequeño puente sobre el saltillo y tres palos.
Ubicación: Santander
Profundidad: 50 m
Historia: comienza prestando servicio para la naviera belga más importante del momento, la Lloyd Royal Belge con el nombre de "Elvier". Su trayecto cubría el Canal y los puertos del Mar del Norte. En 1920 pasa a ser propiedad británica para, finalmente, ser propiedad de los armadores noruegos en el año 1935 que lo rebautizan como "Scotland".
Cargado en Hinojedo con 850 Tm de pirita de hierro y rumbo a Francia le sorprendió una fuerte marejada cuando cruzaba la barra de Suances y el corretín de la desembocadura de la Traviesa de Adentro, lo que provocó su desviación y choque con unas piedras del margen de la canal. En su intento de llegar hasta la capital, la vía de agua en el pantoque producida por la colisión le impidió seguir más adelante de Cabo Mayor.
Sin nadie que viniera en su auxilio, los tripulante tuvieron que evacuar en los botes salvavidas. El "Scotland" se hundía a unos 50 m de profundidad, curiosamente a unas brazas de donde se hundiría su gemelo, el "Río Miera" 13 años más tarde, a dos millas de Cabo Mayor.

Alfonso XIII

Ubicación: Santander
Profundidad: 75 m
Historia: botado en EL Ferrol en 1915 y conocido hasta la  II República por el nombre original de "Alfonso XIII", este acorazado se integraba en el proyecto más ambicioso que se haya conocido en la flota Naval española si consideramos los recursos económicos y la situación política del momento. Si bien formaba parte de todo un plan de modernización de arsenales en el Ferrol, su longevidad y su trayectoria hacen sombra tanto a sus gemelos, el "España" y el "Jaime I", como al resto de embarcaciones que se concibieron con el mismo fin.

Su silueta original dejaba ver una cubierta corrida, en la que se alzaban dos palos y una chimenea. La popa de crucero disponía de balconcillo y en la proa un espolón discreto.
Básicamente se dedica a custodiar las costas españolas durante la I Guerra Mundial. Cliente habitual en Santander durante los meses de verano, en 1920 es el primer barco de guerra que fondea en Cuba después de su pérdida. Visitó también Puerto Rico y Nueva York. En 1923 junto con el "Jaime I" traslada a los Reyes y a Primo de Rivera al exilio italiano. Participa activamente en las campañas frente a Marruecos y en el desembarco de Alhucemas.
La antigüedad y el escaso porte hacen que se desaconseje la propuesta de una reforma y sus restos volvieron a parar al Arsenal del Ferrol esperando la venta o el desguace. Tras varios años de amarre, durante el estallido de la Guerra Civil y a pesar de su mal estado, el buque del rey por excelencia, "el abuelo" como lo conocían por aquél entonces, es reclutado por los Nacionales para el bombardeo de posiciones costeras en el Cantábrico.
Se lleva a cabo la puesta a punto de sus complejísimas máquinas y se consigue rapidez de maniobra aunque con dirección de tiro elemental. Pese a que su misión militar seguía siendo desproporcionada y particularmente peligrosa, comienza su nueva andadura de bloqueo militar.
En el transcurso de una misión en la costa santanderina en la que formaba equipo junto al "Velasco", chocó contra una mina que destrozó los dobles fondos y abrió un gran boquete en el casco penetrando el agua sin remedio.
El estruendo no sólo alertó al "Velasco" que acudió en su ayuda sino también a los vigías de Cabo Mayor que hicieron eco del suceso en la base aérea ubicada en la Albericia. Los aviones se apremiaron a rematar lo que el accidente había provocado, sin embargo, casi toda la tripulación fue evacuada produciéndose sólo cinco bajas.

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