BUCEO RECREATIVO SIN EQUIPO AUTÓNOMO

La práctica del buceo exige introducirse en un fluido 800 veces más denso que el aire, y que además nos impide la respiración, y por todo ello hay que equiparse de una forma especial.


Equipamiento

Gafas de buceo

Puesto que el ojo humano no es capaz de enfocar correctamente bajo el agua, se precisa una lente que se sitúe entre los ojos y el agua para ver correctamente.
Unas gafas de bucear consisten en una o dos lentes, que suelen ser de cristal templado para evitar que se hagan añicos si se rompen. La lente se mantiene fija a la máscara por su montura, que a su vez fija también el faldón: una goma elástica que engloba toda la cara salvo la boca, y que debe hacer perfecto sello con el rostro para evitar la entrada de agua. Para su sujección a la cabeza, las máscaras cuentan con una correa regulable, que además sujeta el tubo de respiración.
El espacio aéreo entre la lente y la cara debe ser el mínimo posible, de esta forma el campo visual será más amplio.
Es indispensable que el faldón de la máscara protega la nariz y adopte la forma de ésta, para facilitar así la compensación.
Antes de usar por primera vez unas gafas de buceo, hay que limpiar la cara interna de la lente con pasta de dientes para retirar la capa protectora que traen de fábrica.

Tubo de respiración

Aunque no es imprescindible, el tubo de respiración es un accesorio que ameniza mucho la práctica del buceo sin equipo autónomo, pues permite mantener la cabeza bajo el agua y respirar al mismo tiempo, eso si, siempre en superficie.
Los tubos suelen ser de plástico o goma, se enganchan en la correa de la máscara de buceo y adoptan una forma característica y amoldada a la cabeza, se lleva a un lateral de ésta, generalmente a la izquierda.
La boquilla del tubo debe tener una forma adecuada, que permita morderlo correctamente y sin requerir ello esfuerzo alguno, por ello la parte final de muchos tubos suele ser móvil, para un ajuste perfecto.
Últimamente han aparecido en el mercado tubos de vaciado automático, es decir, que tras una inmersión se vacíen de agua automáticamente al llegar a superficie.










Aletas

Facilitan mucho el avance por el agua, el diseño se ha inspirado en las patas de las aves marinas y debido a su gran superficie se requiere mucho menos esfuerzo para avanzar bajo el agua con ellas.
Las palas deben tener poca elasticidad, de lo contrario se doblan mucho y el aleteo de las piernas resulta inútil para avanzar, con el consecuente peligro de los calambres.
Existen dos tipos de aletas: las ajustables y las de zapato. Las aletas ajustables cuentan con correas que ajustan el pie a la aleta, ello tiene la gran ventaja de poder usar escarpines o calcetines de neopreno para caminar por las rocas antes de acceder al mar, y así se evita ir descalzo. Las aletas de zapato no tienen esa ventaja y hay que meter el pie en ellas, sin embargo ajustan más que las anteriores.

Traje de buceo

El traje de buceo protege del frío del agua y además previene de cortes, picaduras y roces con rocas u organismos.
Existe una gran variedad de trajes: de una o dos piezas, con o sin capucha para la cabeza, colores vivos o colores de fondo para mimetizarse con él. Existen trajes de 3, 5 y 7 mm. de espesor, los trajes más espesos previenen más el frío pero a su vez restan movilidad al buzo. En aguas particularmente frías, menos de 15ºC, es conveniente usar traje de 7 mm. y con guantes si es posible.









Lastre

El lastre solo es necesario si se lleva traje de buceo, pues al ser de neopreno, resultaría imposible descender con él puesto.

El lastre consiste en un cinturón de chafado rápido en el que se alojan los pesos a base de plomo, bien en pastillas de 1 ó 2 kg. bien en granalla, en este último caso la granalla de plomo se vende en bolsitas que van alojadas en compartimentos del propio cinturón.
El cinturón debe poder abrirse rápidamente y sin problemas para afrontar emergencias.
Cada persona necesita un peso determinado de lastre para bucear, para averiguarlo el buceador debe permanecer quieto en el agua sin apoyo alguno, e ir aumentando el lastre hasta que el agua cubra más o menos la mitad del rostro o de la máscara.

Otros accesorios

Para señalar la presencia de un buzo es necesaria una boya de señalización, un flotador que suele ser de color rojo vivo y acompañado o no de la bandera indicativa. Puede ser útil para transportar objetos liberando así las manos.
Atado a una pierna se puede llevar un cuchillo específico de buceo, con el fin de prevenir enredos con algas, sedales o redes.
Y por último el fusil de pesca submarina para quienes realicen esa variante del buceo, es preferible accecer al mar con el fusil descargado y cargarlo una vez se esté en el agua, y por seguridad se nada por superficie apuntando el fusil siempre hacia abajo.

Todos estos accesorios se deben limpiar con agua dulce después de su uso, pues al secarse el agua marina, quedan los cristales de sal que dañan los tejios y las correas.







La práctica del deporte

Hay que equiparse fuera del agua, pero lo más cerca posible de ella, las gafas pueden colgarse del cuello y estando seca se escupe sobre la cara interna de la lente para evitar que se empañen, especialmente si el agua está fría.
Las aletas no se ponen en tierra sino que se accede sin ellas al agua, se pueden poner cuando halla ya cierta profundidad. En el caso de llevar aletas de zapato hay que ponerselas en tierra, y al llegar al agua caminar hacia atrás, ya que en caso contrario resulta muy incómodo.
Una vez en el agua se nada un poco en superficie, es importante no estar cansado ni realizar esfuerzos excesivos para acometer descensos.
Antes de descender a las profundidades es conveniente ventilar bien los pulmones, para ello se inspira y se expira profundamente tres o cuatro veces en superficie, de esta forma se libera mucho dióxido de carbono en los pulmones. Tras esta maniobra se procede al descenso: se toma una última inspiración, se tapa la boquilla del tubo con la lengua y se impulsa el cuerpo hacia abajo, poniendo el tronco en posición vertical y estirando las piernas en la misma línea.
Primero un poco con las manos y luego ya con las aletas se inicia el descenso a las profundidades. A apenas 2 m de profundidad comienzan a doler los oídos por el efecto de la presión hidrostática sobre los tímpanos, para evitarlo se realiza la maniobra de Valsava que consiste en pinzarse la nariz e intentar exhalar aire por ella, de esta forma se creará una sobrepresión en la cabeza que se equiparará a la del mar en profundidad. Si se baja a más de 5 m. hay que realizar esta maniobra más veces. Esta operación hay que realizarla anticipándose al dolor, de forma suave y progresiva. Por otra parte el aire comprendido entre el rostro y la máscara también se comprime con la presión, para compensarlo se exhala un poco de aire por la nariz.
Tanto durante el descenso como en el fondo los movimientos del buceador deben ser suaves, de tal forma que se pueda avanzar gastando la menor cantidad posible de energía, esto se consigue básicamente con el aleteo rítmico y no usando las manos, pegando los brazos al cuerpo para conseguir una postura hidrodinámica.
Una buena condición física unida al ahorro de energía en el fondo alarga las inmersiones, sin embargo tampoco es conveniente alargarlas en exceso, ya que si un buceador sale agotado de una inmersión verá como en la siguiente se agota más aunque halla descansado en superficie. Se estima que un buceador debe descansar en superficie el doble de tiempo que ha estado en el fondo.
En los ascensos los oídos y senos se compensan automáticamente, y tras llegar a superficie se expulsa aire por la boca para vaciar el tubo de respiración y así poder volver a respirar por él.


Consejos y peligros

La práctica de este deporte lleva consigo una serie de riesgos, que en su caso hay que procurar evitarlos, o en caso extremo saber afrontarlos.
Lo que más reparos ocasiona a las personas que no saben bucear es el temor a que algún animal les ataque, especialmente los tiburones. Es cierto que en el Mar Cantábrico hay tiburones, pero casi siempre viven en alta mar o en fondos a mucha profundidad, y si llegan a las costas se debe a que están muertos o moribundos.
De todas formas, ante el hecho prácticamente imposible de encontrarse con un tiburón en la costa hay que evitar nadar hacia él, apartándose y dejar que el animal siga su camino. Hay no obstante animales que no son tan raros de encontrar pero que su ataque, aunque totalmente accidental y para nada mortal, hay que evitar:
  • Picaduras de medusas, salvarios, rayas y anémonas marinas, son siempre accidentales, pues el veneno de estas criaturas actúa como defensa ante la rozadura con sus tentáculos o apéndices. Las picaduras de medusa y anémonas se tratan con vinagre o amoníaco rebajado, las picaduras del salvario y de la raya son más peligrosas y requieren tratamiento médico. Para evitar las picaduras de salvario es conveniente caminar con sandalias por los arenales de poca profundidad, que es donde se suelen enterrar estos peces.
  • Descargas eléctricas de torpedos, este pez suele vivir en las grietas rocosas a más de 10 m. de profundidad y encontrarlo no es fácil, es un pez muy confiado que incluso se deja tocar, pero precisamente por eso es conveniente no hacerlo y tampoco molestarlo.
  • Mordeduras de morenas y congrios, estos peces viven en grietas a gran profundidad, por lo que encontrarlos cerca de la costa es muy difícil, ante un buceador suelen optar por esconderse y huir, y solo atacan si son arponeados. Es muy importante limpiar y desinfectar bien la mordedura para eliminar los restos en putrefacción que estos animales tienen en sus mandíbulas.
Al margen de estos peligros excepcionales y raros existen otras pegas para la práctica del buceo:
  • El fuerte oleaje suele ser el primer motivo para suspender una inmersión. Las olas y corrientes rompen contra los escollos, y un mal golpe contra las rocas puede ser fatal, por tanto es conveniente consultar el estado de la mar antes de ir al lugar de buceo. Si el mar se empieza a agitar estando el buzo ya en el agua se procursa salir lo antes posible buscando la salida menos peligrosa, evitando siempre las rocas y escollos. Por otra parte el fuerte oleaje remueve el fondo marino y enturbia así el agua, reduciendo drásticamente la visibilidad.
  • Las redes, sedales y algas grandes pueden engancharse en las aletas o brazos del buzo, por ello conviene llevar siempre el cuchillo de buceo para poder cortar a tiempo los enredos.
  • Si el agua está muy fría el cuerpo se enfría antes y se puede sufrir hipotermia, no merece la pena bucear y sufrir frío, para evitarlo se procura moverse con más energía para generar calor corporal.
  • Patinazos al acceder o salir del agua, suelen ocurrir cuando las piedras están resbaladizas, lisas o con berdín, para ello es preferible no pisar estas piedras, sino piedras rugosas sin vegetación y si es posible con bellotas de mar, estos organismos dan una excelente seguridad a la hora de pisar sobre ellos.
  • Agotamiento, se produce cuando hay corrientes u oleaje y el buceador se cansa, ante esta posibilidad conviene descansar un tiempo prudencial en superficie, apoyándose en algo si es posible, y salir después.
  • Colisión con enbarcaciones, son raras puesto que las embarcaciones no suelen navegar cerca de la costa, para evitarlo se lleva la boya de señalización, especialmente en zonas de tráfico marítimo como pueden ser las inmediaciones de un puerto. Antes de iniciar el ascenso, o durante el mismo, se puede observar desde abajo la superficie del mar para comprobar que no hay obstáculos.
El sentido común y la prudencia son al fin y al cabo los mejores consejos para evitar todos esos problemas.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Gracias por molestarte en informar a la gende sin gente como tu internet no vale GRACIAS

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